LA HUIDA
Solía bañarse la luna en las aguas pétreas del volcán,
solía oler el suelo
y en el entre sueño lamer al alacrán.
Entre el intervalo algo enmarañado
de sus largos brazos
las pezuñas agarrar,
hincó con fiereza la matriz del magma
se vistió de llamas y se fue a desayunar.
Esa enorme luna algo paliducha
hoy se viste roja ante en vendaval,
bien le dijo el cuarzo con su filo amargo
que venir abajo no es para mortal.
Luna deslavada ándate hacia arriba
que este cielo hoy llora con su cúmulo de estrellas,
falta su lucero,
el ampolletero que perfore hondo
su funesto negro.

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